En la mitología griega Casandra fue sacerdotisa de Apolo con quien pactó, a cambio de un encuentro carnal, la concesión del don de la profecía. Sin embargo, cuando accedió a los arcanos de la adivinación, la sacerdotisa rechazó el amor del dios. Éste, viéndose traicionado, la maldijo escupiéndole en la boca: Casandra seguiría teniendo su don, pero nadie creería jamás en sus pronósticos. Tiempo después, ante su anuncio repetido de la inminente caída de Troya, ningún ciudadano dio crédito a sus vaticinios.

¿Cómo entiendo esta analogía con la realidad política contemporánea?

Los nodos discursivos con los que el poder afianza su control y dominación sobre el sujeto -haciendo eso, sujetándolo-rechazan cualquier crítica marginando cualquier oposición y segregando cualquier voz disidente aún cuando estos vaticinen el peor de los desenlaces para el status quo que tanto defienden. De esta manera se anula cualquier posibilidad para la superación y trascendencia de la realidad porque, como dijo alguna vez Don Jesús Reyes Heroles:"A veces, lo que se opone también sostiene."

¿Cuál es el diagnóstico preliminar?

En las universidades, el sector público y la iniciativa privada se ha comercializado el rol de los individuos y lo han convertido en una mercancía más en venta, listo para ser vendido al mejor postor. Asumir el compromiso de romper con esta inercia que nos mueve sin táctica ni estrategia -como escribiera Benedetti- es ciertamente ir en contra de las leyes del mercado y de la "buena lógica". Esta tarea requiere comprometernos con resultados a largo plazo, verdaderamente trascendentes, que contribuyan -aunque sea marginalmente- a la construcción de un programa de Estado inexistente actualmente.

Una cosa sí es cierta: pese a quien le pese, los Gritos de Casandra que hoy hagamos sobre la realidad de nuestro país, no porque pocos lo tomen en cuenta, dejan de ser importante.

martes, 25 de junio de 2013

La "estrategia" en las reformas estrategicas en México


El proyecto ilustrado marxista de finales del siglo XIX establecía -a grandes rasgos- que era la forma de producción (esclavista, feudal, capitalista) las que determinaban las relaciones políticas de dominación –la llamada superestructura- produciendo y reproduciendo códigos y significados autorreferenciales a la misma forma de producción. Es decir, la economía –para la escuela de pensamiento que acepta esta premisa- no utiliza herramientas y procedimientos asépticos y neutrales. La economía es política y toma partido. Aceptar este hecho o no forma parte de un específico discurso de poder.
En México nos enfrentamos a un escenario que vuelve relevante este marco teórico para la discusión pública. Más allá de polemizar sobre la distribución de bienes escasos, resulta aún más importante discutir las reglas a partir de las cuáles se distribuyen esos bienes escasos.
 
La información asimétrica entre actores clave de la economía, la subproducción de bienes públicos, pero sobre todo la informalidad y la evasión fiscal que ésta conlleva son fallas en el sistema de mercado hoy predominante en México. La interrogante clave que debería guiar nuestro pensamiento crítico es “¿por qué las cosas son como son y no de otra manera?”, más aún cuando el statu quo mantiene una sistemática práctica de extracción de recursos a una población cada vez más vulnerable que sólo beneficia a una minúscula y potentada cúpula (como dato, 20 apellidos mexicanos controlan el 8% del PIB cuando la mitad de la PEA no percibe más de 3 salarios mínimos al mes).

Ante esta situación, el gobierno y los principales partidos políticos de México han presentado una reforma laboral, una reforma educativa y recientemente una reforma financiera cuyas aspiraciones dicen ser las de “dinamizar y modernizar” los sectores considerados “estratégicos” de la economía del país. Transformar a México, le dicen los que gobiernan. Podría decirse que es la vieja práctica de hacer (parecer) que todo (lo que no afecta específicos intereses) cambie (a modo y por encimita) para que al final todo siga igual (con pobreza invisible y marginación que llega por “no querer trabajar” decorada con política ficción de pactos, congresos y compromisos por cumplir).


Situaciones  que sirven de ejemplo para ilustrar cómo se pretende alinear la economía a intereses políticos son: permitir o no el ingreso de capital privado (extranjero y nacional) en Petróleos Mexicanos –tal y como lo propuso Enrique Peña en el G8- para “modernizar” pero no desprender al sindicato petrolero que actúa como parásito o dotar de autonomía fiscal a la paraestatal; recortar el gasto público en seguridad social, seguros de desempleo y a madres solteras para “ajustar cuentas” pero no en gasto corriente, como sueldos y prestaciones a funcionarios públicos ni a partidos políticos; o aumentar la base gravable en México al aplicar IVA sobre alimentos y medicinas así como aumentar el porcentaje de dicho impuesto en demás bienes para “recaudar más y mejor” sin implementar el mecanismo de representación mínimo indispensable (reelección con listas abiertas) que asegure su uso democrático y transparente. Lo económico, por lo tanto, se construye como un discurso ideológico alineado a específicos intereses políticos, se hagan explícito o no. Como bien dice el dicho: “Los números no mienten, pero se puede mentir con los números”.

Las anteriores interrogantes pueden ser respondidas únicamente por un grupo de “expertos técnicos” con la capacidad de optimizar funciones de producción o de poder proyectar un crecimiento del PIB que se ajuste a las expectativas de papá-Banco Mundial. Esto se vuelve relevante para el actual momento histórico por el que atraviesa México al tener una reforma energética tocando la puerta (la cual –si pretende ser verdaderamente trascendental- también abrirá el camino para una reforma fiscal) provocando que los partidos de oposición “toquen los tambores de guerra”. Ante esta situación es importante el planteamiento realizado hasta ahora de de-construir el argumento revelando los intereses a los que –explícita o implícitamente- se pretende alinear el discurso económico.  Las respuestas deben elaborarse a partir del modelo de país que esperamos obtener. Ese país debe ser uno en el que todos estemos capacitados para ejercer en igualdad de condiciones nuestros derechos y alcanzar el proyecto de vida que queramos con plena libertad. De otra manera, lo único que estaremos haciendo será -a propósito de la copa Confederaciones- jugando como nunca, pero perdiendo como siempre.

 

domingo, 21 de abril de 2013

Desnudando a los tres partidos: Verde-Nueva Alianza-Trabajo



A la par del PRI, del PAN y del PRD, en el espectro político de nuestro sistema de partidos existen tres casos muy particulares los cuales contribuyen -como ningún otro- a pensar a México dentro de coordenadas surrealistas:
 
1)      Tenemos un partido apoya la pena de muerte (el Partido Verde);
2)      Un partido que considera a Corea del Norte como referente político del siglo XXI (el Partido del trabajo);
3)      Y un partido liberal que tiene como fundadora a Elba Esther Gordillo, hoy investigada por lavado de dinero y delincuencia organizada (el Partido Nueva Alianza).

Empecemos pues, el Partido Verde. 

Dentro de la actual coyuntura política nacional, sólo el Partido Verde –dentro de los tres anteriormente mencionados- forma parte del Pacto por México. Esto se entiende al reconocer que el Partido Verde, junto con el PRI, forma parte de la actual coalición de partidos en el gobierno. En los mismos términos electorales, hoy el Partido Verde cuenta con su primera gubernatura en el Estado de Chiapas así como con 7 senadores y 28 diputados. 

Este despunte electoral no hace a un lado el hecho de que académicos como Raúl Trejo Delarbre y Sergio Aguayo hayan catalogado al Partido Verde como “un partido berlusconiano de corte fascista” y que “de verde sólo tiene el color”, criticando la falta de políticas públicas relacionadas con el medio ambiente. Como ejemplo, en 1998, en una entrevista con Katia D'Artigues, Jorge Emlio González –el llamado Niño Verde- confundió la composta con la separación de basura y aseguró que el sí llevaba una vida ecológica, pues siempre que veía un grillo en su casa lo sacaba al jardín.

No sólo no es ambiental, sino que tampoco es “verde” ya que el Partido Verde fue expulsado de la organización Global Verde de partidos por impulsar la pena capital para secuestradores y asesinos. No hace falta mencionar que dicha propuesta se encuentra abolida en la Constitución mexicana y prohibida en los tratados internacionales que México ha suscrito.

Sigamos ahora, el Partido del Trabajo.

El Partido del Trabajo explica su génesis como partido político de la siguiente manera:

“Ante la necesidad de crear una nueva alternativa política que respondiera a los intereses de la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas, se inicia la construcción del Partido del Trabajo a partir de la coordinación de varias organizaciones sociales como: Comités de Defensa Popular de Chihuahua y Durango; Frente Popular de Lucha de Zacatecas y el Frente Popular "Tierra y Libertad" de Monterrey.

El Partido del Trabajo recibió notoriedad la legislatura pasada al contar con el diputado Gerardo Fernández Noroña entre sus filas.

Ahora bien, es de notar que aunque el Partido del Trabajo se auto identifique como un partido “del pueblo y para el pueblo, democrático, popular, independiente y antiimperialista” (algo que lo distingue de todos los otros partidos en México) algunos de sus miembros han incurrido en las mismas prácticas corruptas que sus pares. 

En 2004, siendo senador, González Yáñez logró que se firmara un convenio entre el Gobierno de Durango con el sistema CADI (Centro de Atención y Desarrollo Infantil) para que le fueran transferidos recursos públicos aprobados en la Cámara de Diputados para dicho programa, el cual es administrado por militantes de dicho partido. Estas escuelas no cuentan con el reconocimiento oficial de la SEP y no están regularizadas en los términos que exige la ley.

El apoyo del gobierno del Estado de Durango comenzó con 2 millones de pesos, pero en 2012 los recursos transferidos a los CADIs ascendieron a 64 millones, y para el 2012 serán de 115 millones de pesos.

Actualmente el Partido del Trabajo cuenta con 19 diputados federales y 4 senadores. Importante como puede ser, el Partido del Trabajo se destaca por –y cito- “ sentir gran admiración por las grandes hazañas de Kim Jong Un, quien decididamente ha frustrado los movimientos de las fuerzas aliadas imperialistas para aislar y suprimir a la República Democrática y Popular de Corea y dirigir al Partido de los Trabajadores de Corea y a los norcoreanos solo a la victoria y a la gloria”

¿Y con que se come la gloria y la victoria, se preguntan los norcoreanos en hambruna crónica?

Terminamos con Nueva Alianza.

El PANAL se funda el 30 de enero de 2005 por la ex lideresa vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo, tomando como base a la Asociación Ciudadana del Magisterio (ACM), un Asociación Política Nacional reconocida por el Instituto Federal Electoral desde agosto de 2002.

El Partido Nueva Alianza se define a sí mismo como “una organización política liberal (el único partido en México que adopta esta bandera, cabe resaltar) al servicio de las causas sociales de México; que tiene a la persona y su vida digna como eje de acción política, a la educación como motor de transformación social y al progreso como sus principales ideales”.

Sin embargo, comúnmente el Partido Nueva Alianza es automáticamente ligado con la corrupción del Sindicato más grande y poco transparente de México.  El respaldo formal y directo que ha recibido por parte de la ahora investigada fundadora –y hasta hace poco- lideresa del SNTE es un foco rojo en la integridad política del partido. 

Cabe resaltar que el actual dirigente nacional del partido Nueva Alianza, Luis Castro ha afirmado que todos los recursos erogados por su partido han sido lícitos y plenamente justificados, tal como ha quedado confirmado con el dictamen de la fiscalización de su candidato presidencial por parte del Instituto Federal Electoral en el pasado proceso.

Pues claro, ningún partido acepta abiertamente tener involucrados casos de corrupción. Obvio.

Los partidos políticos no tienen y no se vislumbra para cuándo tendrán los controles patrimoniales, jurídicos y sociales que prevenga y erradique la actual corrupción política de alto nivel. Mientras los partidos no “aten al mástil” (haciendo analogía a Ulises y las sirenas) ante los posibles casos de corrupción que puedan suceder en un futuro.

Todo lo demás es un choro mareador.
(texto utilizado en la cápsula introductoria del programa “Sin Filtro” en Foro Tv el día 21 de abril).

lunes, 8 de abril de 2013

Una crítica a los que critican: El Pacto por México y la falta de representatividad


La dimensión que debe ocupar la crítica al “Pacto por México”  en términos de representatividad –o falta de ella- debe ser entendida como reducto de una  causalidad ulterior, la cual nada tiene que ver con el reclamo coyuntural que las fuerzas progresistas de este país hacen al Pacto entendida como la “ausencia de la deliberación al interior de las Cámaras” y las “negociaciones en lo oscurito”.  Esta causalidad ulterior de la que hablo se rastrea y se encuentra en la ausencia de mecanismos de revelación de preferencias inter-electorales (reelección acompañada de listas abiertas, plebiscitos, referéndum, revocación de mandato y controles patrimoniales y jurídicos como por ejemplo una Fiscalía –no Comisión- Autónoma –no descentralizada- en contra de la Corrupción –entendida como un bolsón de delitos jurídicos- que prevenga y combata la corrupción gestada en las más altas esferas del poder) lo cual hace que la representatividad política en México siga siendo nula, con o sin Pacto por México. 

Lo que realmente ha hecho aflorar el Pacto son las divisiones al interior de los militantes de los partidos políticos (principal y particularmente las del PRD). Éstos, al no encontrar reconciliadas sus legítimas inquietudes a través de procesos democráticos de deliberación al interior, recurren y encuentran todo el incentivo de explicitar y denunciar dichas diferencias al exterior, con el ánimo de segmentar su figura como militante dentro de la misma etiqueta partidista que comparte con otros. 

De existir los mecanismos de revelación de preferencias antes mencionados, se modificarían los incentivos de cooperación entre los legisladores de distintas bancadas (principalmente los que participan en partidos pequeños) los cuales dejarían de depender de la voluntad política y la negociación. Un reclamo serio por establecer un verdadero mandato de representatividad –hasta ahora ausente- no comienza por criticar al Pacto Por México, sino que éste debería ir mucho más allá puesto que el Pacto sólo reflejo de condiciones estructurales que anteceden.
El legislador crítico no piensa en esta deficiencia estructural de nuestro sistema sino en los incentivos que él tiene al interior de su partido a alinearse -o no- a cierta política, nunca tomando en cuenta al electorado que –en teoría- se dice representar. 

La debacle electoral sufrida por el Partido Acción Nacional (el cual, además, pasa de ser gobierno a ser oposición) y la infructífera lucha del Partido de la Revolución Democrática por probar que por segunda vez la elección presidencial fue amañada en contra de sus intereses son realidades que pesan fuertemente en la toma de decisiones de Madero y Zambrano, respectivamente. Para ambos, el Pacto por México es una excelente plataforma para posicionarse políticamente frente a un amplio espectro del electorado del cual podrán lucrar políticamente después. Para  Camacho, el Pacto por México es la estrategia política para implementar la agenda del Presidente de la República aprovechándose de la debilidad institucional de los partidos de oposición los cuales enfrentan mayores costos que beneficios de no alinearse. Esta estrategia es comprensible ya que las coordenadas de representación  se dan a partir de la mucha o poca presencia en medios de comunicación de los liderazgos sectoriales y a la firme convicción de éstos a monólogos ideológicos, más que a los intereses del electorado.

“El que no se mueve no sale en la foto”, ha repetido Camacho de manera pública. El Pacto por México es sólo un reflejo -y no la causa primera- de cómo los partidos políticos se mueven, sólo que sin México.